Según la forma en que construimos nuestras percepciones configuramos una visión de mundo.
Cuando nuestro condicionamiento es pulcro privilegia esa excesiva división del bien y el mal. Y cuando nuestro narcisismo nos acredita como salvadores de un este lugar invadido por el mal podemos ser implacables.
Es así como desde la política somos firmes correctores de cualquier posibilidad de falta. Es imposible ver nuestra contradicción cuando todo mal es externo a nosotros y estamos convencidos que nuestros instintos agresivos están guiados por fines elevados.
Siempre esta la oportunidad de encontrar un chivo expiatorio en una sociedad que no tolera hacerse cargo de un sistema que nos promete saciar la ambición.
Entonces si surge alguien que amenaza alguna posibilidad de quebrar la perpetuidad de esta relación asimétrica instalada en la sociedad, no es muy difícil buscar la forma de desplazarla del camino con el descrecido o cuan alguna ingeniosa manera que permita defender la civilidad de la corrupción.
Susana
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